Esta reflexión sobre la unión familiar es parte de lo que estamos estudiando en el Libro Hogar Dulce Hogar de Marcos Brunet. Nos hemos detenido en la introducción compartiendo lo que el Señor nos ha permitido aprender.
Si quieres ver como el pastor Brunet desarrolla eltema en su libro, te animo a que lo adquieras. De nuestra parte, te compartimos por este medio lo que ha sido puesto en nuestro corazón al leer.
Reflexión sobre la unión familiar desde el amor de Cristo
Hablar de la familia es hablar de uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado. Sin embargo, también es uno de los espacios donde más heridas, conflictos y distancias se generan. Por eso, hacer una reflexión sobre la unión familiar desde una perspectiva cristiana nos lleva inevitablemente a mirar el modelo perfecto de amor: Jesucristo.
En Juan 13:34-35, Jesús nos deja un mandamiento que transforma por completo nuestra manera de relacionarnos:
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos con los otros.” Juan 13:34-35
Si quieres leer más versículos sobre la unión en familia, puedes revisar luego el siguiente post: Versículos sobre la Familia Unida en la Biblia. Por ahora, sigamos con el tema:
-Cultura vs la Verdad de Cristo
La unión que debemos tener como familia no puede nacer solo de la costumbre, la convivencia o el parentesco. Debe partir del modelo de amor de Cristo.
Cuando este amor de Cristo gobierna el corazón, desaparecen frases que tanto daño hacen, como: “Desde que hiciste eso, ya no eres mi familia”, “Olvídate que soy tu padre” o “Para mí, estás muerto”.
¿Acaso Cristo nos retiró su amor cuando fallamos? ¿Nos dejó de llamar hijos cuando le dimos la espalda? No. Su amor es inmerecido, constante y sin límites.
El amor de Cristo no se basa en el comportamiento del otro, sino en la decisión de amar. Por eso, la unión familiar cristiana no se sostiene en la perfección de sus miembros, sino en la gracia que fluye cuando decidimos amar como Él nos amó.
Preguntémonos con honestidad:
👉 ¿Amo a mi familia solo cuando cumplen mis expectativas?
👉 ¿Uso el amor como premio o como castigo?
👉 ¿Refleja mi forma de amar el amor de Cristo?
👉 ¿He reflexionado acerca de la importancia de mi familia?
-Vínculo espíritual vs vínculo sanguíneo
Muchas veces creemos que el compromiso de amarnos como familia existe simplemente porque compartimos la misma sangre. Pero la Biblia nos enseña algo más profundo: nos amamos porque Cristo nos lo pide. El vínculo familiar alcanza su verdadera fortaleza cuando se apoya en la obediencia a Dios y no solo en la genética.
Jesús no dijo: “Ámense solo si se llevan bien” o “ámense mientras no se equivoquen”. Él dijo: “Como yo os he amado”. Y ese “como” incluye paciencia, misericordia, perdón y sacrificio. Cuando entendemos esto, la familia deja de ser un campo de batalla y se convierte en un espacio de restauración.
Tal vez pienses que ya amas suficiente a tus hijos, a tus padres o a ese familiar con el que es difícil convivir. Pero hoy Dios te invita a ir más allá. Si creías que no podías amar más, prueba amar desde Cristo. No desde tus fuerzas, emociones o límites humanos, sino desde su amor perfecto.
¿Y sabes qué ocurrirá? Experimentarás un amor más profundo, más genuino y más libre de condiciones.

La unión familiar tranforma nuestras vidas
Amar desde Cristo transforma la manera en que corriges, hablas y reaccionas. Ya no buscas ganar discusiones, sino preservar corazones. Ya no acumulas resentimientos, sino que eliges el perdón. Porque perdonar como Cristo nos perdonó es una de las expresiones más poderosas de la unión familiar.
El perdón no borra lo que pasó, pero sana lo que quedó roto. Cristo nos perdonó aun cuando no lo merecíamos, y nos sigue perdonando cada día. ¿Por qué entonces nos cuesta tanto extender ese mismo perdón a quienes viven bajo nuestro propio techo?
¿Cuál es la reflexión en este asunto?
Que el amor de Cristo sea el modelo en tu familia. Que tus palabras construyan y no destruyan. Que tus decisiones reflejen gracia y no rencor. Y que, cuando otros miren tu hogar, puedan decir: “Ahí vive una familia que ama diferente”.
Porque al final, la verdadera unión familiar no se mide por la ausencia de conflictos, sino por la presencia del amor de Cristo en medio de ellos.

